Rudy Parra: el hombre que hizo del Club Regatas y la montaña un mismo camino

Hay personas que pasan por las instituciones y otras que se vuelven parte de su historia. Luis Alberto “Rudy” Parra pertenece, sin dudas, a este último grupo. Su partida deja al Club Regatas en silencio, atravesado por una tristeza profunda, pero también abrazado por el recuerdo de una vida dedicada a construir, compartir y hacer crecer una comunidad.

Quienes lo conocieron coinciden en algo: Rudy nunca buscó protagonismo. Prefería el trabajo silencioso, el compromiso cotidiano y la satisfacción de ver a otros disfrutar lo que él ayudaba a crear. Fue vicepresidente del club, sí, pero antes y después de cualquier cargo fue, sobre todo, un compañero presente, un dirigente cercano y un amigo sincero.

Su historia dentro del club se escribió a lo largo de años de participación activa, acompañando momentos de transformación institucional y aportando siempre una mirada humana, conciliadora y constructiva. Rudy creía profundamente en el valor social del deporte y en el club como espacio de encuentro, donde cada persona pudiera sentirse parte de algo más grande.

Pero si hubo un lugar donde su esencia encontró expresión plena, ese fue la montaña.

Apasionado del andinismo, encontró entre senderos, refugios y cumbres una forma de vivir y de enseñar. Fue uno de los grandes impulsores de la rama de andinismo del Club Regatas, trabajando incansablemente para consolidarla y hacerla crecer. No solo promovió expediciones y salidas, sino que ayudó a formar grupos humanos unidos por valores que él defendía con convicción: la solidaridad, el respeto por la naturaleza, la confianza en el compañero y la importancia del camino compartido.

Para muchos socios fue guía, para otros mentor, y para todos, una presencia cálida y confiable. En cada salida llevaba algo más que experiencia: llevaba entusiasmo, calma y esa capacidad especial de transformar el esfuerzo en disfrute colectivo. Enseñaba que la montaña no se conquista, se respeta; y que las verdaderas cumbres son las que se alcanzan juntos.

Su compromiso con el club trascendía cualquier actividad puntual. Rudy estaba donde hacía falta: acompañando proyectos, colaborando en iniciativas, sumando ideas o simplemente escuchando. Su manera de construir institución no se basaba en grandes discursos, sino en gestos constantes y en una vocación genuina por fortalecer el sentido de pertenencia.

 

El presidente del club, Jorge Aguirre Toum, expresó al despedirlo que Rudy representaba el espíritu más noble del dirigente deportivo: aquel que trabaja por convicción, con humildad y amor profundo por la institución. Su legado —destacó— permanecerá vivo en cada actividad que continúe creciendo gracias al camino que ayudó a abrir.

Hoy el Club Regatas está de duelo. Los pasillos, las charlas compartidas y los proyectos soñados guardan su recuerdo. También la montaña, ese lugar donde Rudy encontraba libertad y sentido, parece despedir a uno de los suyos.

Sin embargo, quienes compartieron su camino saben que su presencia no se apaga. Vive en cada nuevo montañista que se anima a comenzar, en cada grupo que emprende una salida y en cada encuentro donde el compañerismo sigue siendo el valor central.

Porque hay personas que dejan huellas que no borra el tiempo. Y Rudy Parra dejó una de esas huellas profundas que continúan marcando el rumbo.

Descansa en paz, querido Rudy. El Club Regatas seguirá caminando, como vos enseñaste: juntos, con pasión y mirando siempre hacia lo más alto.

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